Presentación:
Carlos Salem es de esas personas a las que su cabeza no le deja parar. Estás un pequeño rato con él y no para de hablar y te das cuenta mientras habla, que a la vez está pensando, desarrollando otra idea. Te arrolla con sus discursos, con sus chistes, con sus ocurrencias. El tipo disfuta hablando, contando historias y lo hace muy bien. Cualquiera de sus muchos libros es recomendable y siempre es recomendado por su gente más cercana y por ajenos. Su poesía es como él que destila canalla por los poros de su piel y en cada uno de sus versos, sin dejar nunca de lado su faceta más delicada.
Imparable, fue uno de los dos creadores de un luegar mítico ya en la poesía canalla madrileña, EL Bukowski Club. Bar de culto entre los poetas madrileños que está en Malasaña en la calle San Vicente Ferrer y que actualmente regenta Inés, la otra creadora, en solitario.
Carlos Salem y Malasaña:
Mi Itaca
Malasaña fue para mí, cuando vivía lejos de Madrid, una Itaca llena de sirenas que no sabían tejer pero sí cantarte al oído las baladas necesarias para perder el rumbo que, de cualquier modo, acabarías por perder. Cada vez que el trabajo que arrojaba en Madrid (a menudo con el anteproyecto de horca de una corbata mordiéndome el cuello), yo esperaba las sombras de la noche para escapar del hotel vestido de mi mimso y me perdía por los arroyuelos empedrados de las calles del barrio, en busca de un bar que se aprendiera mi verdadero nombre, el que yo había olvidado.
Después, cuando logré venir a vivir de modo permanente a este mar de tejas gloriosamente flojas, me di cuenta de que no recordaba ningún bar: todos se fundían en el mismo, el que me gustaría crear en las calles de un barrio rebelde amenazado de esnobismo chuequero.
Y tuve la suerte de cumplir ese sueño, en estos tiempos en los que sólo se cumplen las pesadillas. Participé en la puesta en marcha del Bukowski club y, de algún modo borrosamente no planificado, en el renacer de la poesía en los bares de la ciudad. Durante tres años, los miércoles era el día de una misa pagana entre poetas de todas las venas, que llegaban convocados no por el tañir de las campanas sino por el chocar de vasos y botellas.
Ultimanente no paro tanto por el barrio, porque Ulises aprendió que el lugar que más amas es aquél del que faltas. También aprendió que si te encuentras con un gigante tuerto y belicoso, lo mejor es contarle una trola, meterle un dedo en el ojo y pegarle una patada en los cojones antes de salir por patas.
Mi Itaca sabe que yo ando por ahí, no demasiado lejos, soñándola los miércoles.
Y que vuelvo, cuando menos se lo espera, a destejerle la paciencia.
Poemas:
INFANCIA
Un cardumen de hormigas coloradas devorándome el brazo.
La operación de amígdalas
y el médico que sonríe como un chef
mientras me muestra una bandeja
con dos albóndigas crudas que sacó de mi garganta.
La mañana en que mi viejo me asesinó el triciclo
con las ruedas del camión
y se asustó tanto por mí
que me pegó dos cachetadas.
La imagen de gardel
que sonreía como el doctor
en los espejos de todos los colectivos de buenos aires.
El nombre de perón pronunciado en voz baja
como el rezo a un dios improbable.
Las tardes en que se rompía la tele.
Mi falta de pericia para quebrarme un brazo
como los otros chicos de colegio.
La idea de que alguna vez mi abuelo iba a morirse.
La maestra antisemita
que casi me arrancó una oreja sin que pudiera decirle
por orgullo
que ni siquiera era judío de verdad.
La vez que metí la cabeza entre la heladera
y la pared
para ver qué había detrás
y creí que me quedaba atrapado
para siempre.
El perro que me mató un camión
igual al de mi viejo.
Las mudanzas.
La gente que me miraba desde arriba
y parecía esperar algo de mí.
La condena de la siesta.
Los mofletes como manzanas.
Mi voz de pito.
Los gritos de mi tía
cuando me encontró con mi prima
jugando al papá y a la mamá en su cama
y no saber en realidad qué estaba haciendo.
La nena de las trenzas
que me dejó tocarla ahí por diez caramelos
que me mostró las bombachitas por siete caramelos
que iba a bajárselas por doce caramelos.
Y me quedé sin caramelos.
La lentitud del tiempo y su caravana de lombrices.
No me vengas con que la infancia es un jardín bucólico.
Casi siempre
es un campo minado.
QUE VAMOS
Para koro
Soy pésimo partido y no es noticia
fumo demasiado bebo lo que puedo
y necesito de tu ayuda
inestimable
para cometer errores nuevos.
No soy primero en descubrir la pólvora
entre tus piernas
pero me quemo
feliz
los dedos al encenderla.
Me canso al subir las escaleras
pero algunas noches me siento tan ligero
al trepar tus cordilleras
que en la cima no planto banderas sino besos.
No he delineado el puente inaugural
de tus suspiros
pero tú y yo sabemos
que bajo ese puente vivimos.
Mis bolsillos envidian a mis pulmones
llegaría a fin de mes si los meses tuvieran cinco días.
Me muero algunos jueves a las siete
resucito cuando despierto y me miras.
No voy a deslumbrarte con fuegos
ni promesas
pero le soplo palabras a tu cuello
y él sabe
que son torpes y ciertas.
No creo que seas mi último tren
porque ése será el que descarrile.
Te miro como a un tren al que subirme
para viajar con destino a lo que toque
y seguir tocando mientras quieras.
En resumen
no soy un caballero en busca de princesa
sino un viejo caballo mal domado
que paga muy poco en las apuestas
y no ha ganado aún la mejor de sus carreras.
Pero si quieres cabalgar
tocando el horizonte con las manos
más allá de cualquier meta
agárrate
que vamos.
(De “Memorias Circulares del hombre-peonza”, Editorial Ya lo Dijo Casimiro Parker)
Biografía:
CARLOS SALEM SOLA nació en Buenos Aires en 1959 y reside en España desde 1988. Ha publicado las novelas Camino de ida (2007, Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón), Matar y guardar la ropa (2008, Premio Novelpol a la mejor novela policial), Pero sigo siendo el rey (2009, finalista del Premio Dashiell Hammett), y Cracovia sin ti (2010, Premio Seseña de Novela); los libros de relatos Yo también puedo escribir una jodida historia de amor (2008, finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos), y Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de Cerveza-Ficción); además de los poemarios Si dios me pide un bloody mary (2008), Orgía de andar por casa (2009) y Memorias circulares del hombre-peonza (2010). Varias de sus novelas han sido traducidas al francés y al alemán. Es profesor del Centro de Formación de Novelistas, con sede en Madrid y dicta talleres de narrativa creativa en Madrid y Ginebra.
www. elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com
www. tallerdeminificcion.blogspot.com
www. mataryguardarlaropa.blogspot.com
Fotografía: José Naveiras
Ilustración: Igor Heras




























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